Comentamos El
tren, de Teresa P. Mira Echevarría, publicado por la editorial Café con
leche. Una editorial que apuesta fuerte por las novelettes y las historias eróticas.
Las bibliotecas son un lugar con un objetivo muy
concreto: guardar, proteger y recomendar
obras, sobre todo literarias, para el disfrute de cualquier persona. Así
que, siguiendo esta premisa, he decidido dar un espacio mensual en Biblioteca-T
a todas aquellas historias que, por su temática o su formato, sean afines al
blog. Se trata de un comentario libre
sobre aquellos aspectos más interesantes que ofrece, tanto positivos como
negativos, a medio camino entre la reseña y la crítica.
La segunda obra que comentaré como bibliotecario
es El
tren, de Teresa P. Mira Echevarría, que podéis comprar en digital en el
enlace de abajo por 3,99 cuando terminéis de leer la entrada y os convenza.
Aunque también podéis comprar El tren
en formato físico, porque el papel siempre huele mejor que la pantalla, por
solo 9,99 (vamos, un cubata caro).
El tren,
de Teresa P. Mira de Echevarría. Editorial Café con leche.
Podéis leer este comentario tanto si habéis leído la novelette
como si no. No destripo nada que pueda afectar negativamente a quien aún no
la ha leído.
Todos los comentarios seguirán el mismo índice,
salvo excepciones sujetas a cada obra en particular. Y, sin más, empezamos.
1. Presentación
Un planeta inexplorado. Unos raíles que nadie
sabe cómo llegaron allí ni hacia dónde conducen. Jules Gare y su ejército deberán recorrerlos en tren para descubrir
las maravillas de ese mundo, al mismo tiempo que intentan mantener contacto con
la especie de los astados. Sin embargo, la incapacidad de Jules por mostrar sus
sentimientos pondrá en peligro la misión cuando aparezca un hombre relacionado
de alguna manera con estos seres.
2. La
trama
He decidido ubicar este punto al principio porque
me permite situaros en la historia. Voy
a comentar cuatro aspectos que me parecen los más importantes cuando hablamos
de una trama: el interés real que tiene, las herramientas de las que se vale
para enganchar al lector, la originalidad de la misma (o el buen tratamiento de
la no originalidad) y el ritmo.
En esta novelette,
el interés real se divide en dos: la situación sentimental del protagonista y
el destino final del tren. El interés por ambas tramas se va alternando, aunque
no son independientes. Las consecuencias de una afectan a la otra. Pero esta
alternancia y los cambios rápidos de ritmo hacen que sea fácil seguir leyendo.
Destacaría, pues, tres herramientas que la autora utiliza para enganchar al lector. La primera de ellas son las maravillas que nos
muestra del mundo que recorren. Esto se mezcla con el estilo poético de su
prosa y provoca que la imagen de nuestra imaginación sea muy bonita.
Teresa usa una técnica que me gusta mucho y que
veo muy pertinente en su historia: no contar cómo se ha llegado al punto de
salida. Esto no significa tampoco que empezamos in media res. Simplemente, la historia arranca donde debe, sin abrumarnos con detalles de introducción,
como la preparación para el viaje o aspectos de la construcción del mundo
ficticio, que muchas veces se hace cansino.
Por último, como digo, el misterio de la meta
del tren y de cómo resolverá Jules su situación sentimental son dos fuertes
enganches para el lector. Sobre todo, porque poco a poco hemos ido formulando nuestras propias teorías y queremos
resolverlas.
En cuanto a la originalidad, veo que la base de la trama sigue una línea conocida:
la exploración de un nuevo mundo. Pero los detalles del mundo y cómo lo
exploran, cómo se van cerrando las subtramas, eso sí me ha parecido original.
Tengo que decir que el final en sí no me ha parecido muy original, pero las reflexiones que hace el protagonista de
él sí. Esas reflexiones le aportan un valor extremo que hace que cambie nuestra
forma de ver la historia que acabamos de leer. Y eso siempre se agradece.
Como decía antes, la historia tiene un ritmo rápido. Aunque a veces nos dé la
sensación de no avanzar, enseguida ocurre algo que nos arrastra de un salto. No
saber cuándo va a venir ese aumento de ritmo, ese pico de acción, te hace estar alerta en todo momento durante la
lectura. Como cuando, sin previo aviso, Jules enferma y todo sucede muy rápido.
«Al acercarme al espejo que pendía sobre la jofaina, me quedé petrificado, con el peine en el aire. El espectro que me miraba desde el cristal no era yo, ¡no podía serlo!» (página 25).
3. Los
personajes
Es difícil hablar sobre los personajes de El Tren. No conocemos su pasado, por lo
que debemos pensar que todos sus actos
son creíbles y coherentes con su forma de ser. Tras unas pocas escenas ya
conocemos la personalidad de los personajes importantes, que son básicamente
tres: Jules, el protagonista; Pierre, su segundo al mando en el tren y pareja
sentimental; y Polter, el nuevo recluta, con el que empieza una aventura.
No es hasta casi la mitad de la historia cuando
aparecen otros personajes importantes, como el jefe y la reina de los astados, la especie pensante y autóctona de
ese planeta.
Aclarado esto, puedo decir que Jules es el mejor
personaje. A veces los protagonistas son muñecos vacíos que el lector debe
llenar inconscientemente para mejorar la identificación con él. A veces esto se
hace para enganchar al lector. Aquí no. Jules está muy bien construido, lleno de matices. Terminamos conociéndolo, pero,
sin embargo, sigue siendo alguien imprevisible.
Los secundarios
existen para beneficiar este aspecto del protagonista. Todos los secundarios
sirven para un propósito, pero no están
tratados con tanta profundidad. Es cierto que es una novela corta y hay que
dar más importancia a otros aspectos, es cierto que los secundarios no son un
problema en El tren, pero me hubiera
gustado que cada uno tuviera una función independiente del protagonista (que no
de la trama principal). Un ejemplo claro es la bióloga que los acompaña, que
solo aparece en el texto cuando tiene que investigar la fauna. Aunque siempre
ha estado ahí, nunca la habíamos visto.
Para finalizar con los personajes, decir que la sensación de multitud se consigue con
maestría. En todo momento imaginamos el tren lleno de gente. Una comparsa
más que necesaria y excelente.
4. La
redacción
El estilo que utiliza la autora es un estilo descriptivo. Tanto de los
paisajes exteriores y de las escenas de acción como del discurso interior que
se fragua dentro de Jules, el protagonista. Nos sentimos postrados alrededor de
una fogata mientras nos cuentan la extraordinaria aventura de este tren y sus
ocupantes.
Las palabras
que utiliza son conscientes del sentido de la maravilla que están creando,
aunque a veces se repitan, si no con exactitud, sí con sinónimos, volviendo a recalcar
un sentimiento o reflexión que ya habíamos deducido unas
líneas antes. Esto no entorpece la lectura, tranquilos. A lo mejor a algunos
les hace levantar una ceja, pero creo que te mete más en la historia.
Lo único que voy a criticar es el uso de la cursiva. Hay un flashback entero en cursiva de forma innecesaria, ya que termina y
acaba con el icono del tren. Está lo suficientemente diferenciado para no
necesitar recarga tipográfica.
Al contrario de lo que ocurría con la serie de
Víctor Blanco, que tenía un estilo más directo, aquí la autora muestra un estilo envolvente. Muy apropiado para
el tipo de historia.
«Allí estaba esa luz pálida como de jade, atrayéndonos sin ejercer acción alguna. Allí estábamos nosotros, cayendo sin caer» (página 82).
5.
Experiencia lectora
Ahora vamos a hablar de la experiencia lectora. Comentaremos la implicación emocional del
lector, lo que aprendemos como lectores y también como escritores gracias a
esta novelette
y lo que podemos plantearnos tras su lectura.
Existe
implicación emocional del lector, igual que ocurría en la serie de Tiempo de matar que comentábamos el mes pasado,
sobre todo con el protagonista. Es cierto que en historias de corta extensión
el personaje principal debe ser uno de los elementos más fuertes del texto, y
eso no es diferente en El tren, como
decía antes. Sin embargo, es la trama
amorosa lo que une a Jules con el lector en cuanto a implicación emocional.
Esto corrobora la necesidad de ambas tramas, que se complementan.
La experiencia lectora es muy rica. Por poco
dinero, en este centenar de páginas nos regalan muchas escenas diferentes,
muchos descubrimientos que dan la sensación de que somos nosotros los que
avanzamos encima de ese tren. A esto ayuda la distribución de los párrafos,
separados no solo por partes diferenciadas y numeradas sino también por el
icono de un tren. Esta separación por el
dibujo del tren, esta estructura en la novela, refuerzan la experiencia de
forma positiva.
¿Qué
aprendo como lector?
Como lector, indudablemente, aprendo dos cosas
relacionadas entre sí. La primera de ellas depende un poco de tus lecturas
previas y de tu concepción del mundo literario. Esta es la necesidad de la trama
amorosa.
Estamos (me incluyo) muy acostumbrados a que la
trama amorosa de las historias que conocemos sea un anexo morboso que atrae a un público diferente al que está
realmente destinada la novela. Muchas veces desmerece o echa para atrás y al
final se consigue una mezcla extraña. A mí me ocurre con Los juegos del hambre e incluso con Memorias de Idhún. Aquí esto
no ocurre. Y es de agradecer.
Además, algo que ni debería mencionar: la trama
amorosa es entre dos hombres. Aprendamos ya los lectores que esto es normal.
¿Qué
aprendo como escritor?
Como escritor aprendo a no tener miedo a callarme. Es habitual querer arrojar luz sobre el
lector desde el inicio, darle todos los detalles para que no se pierda y
entienda todo lo que le queremos decir. Esto a veces sobrecarga y es un error.
Por supuesto, también aprendemos a utilizar descripciones bonitas con palabras
maravillosas. Depende de la historia estas funcionan mejor o peor, aunque sí es
cierto que últimamente se recomienda no abusar de las descripciones y esta
recomendación a veces tiende a
convertirse en una prohibición. Debemos tener cuidado y evitar esto.
¿Y qué me
ha planteado?
Personalmente me ha planteado varios dilemas. El
primero de todos no lo puedo comentar mucho ya que sería destripar el final.
Simplemente repetiré lo que ya he dicho. El
final hace que te replantees todo lo que te han contado. Eso me ha
recordado que no se puede analizar una obra sin terminar de leerla.
La otra cuestión es sobre el tratamiento de los
personajes y las personas. Hay aspectos de la vida tan normalizados entre la
tripulación del tren que abruman. No porque sean incorrectos (hablo, por
ejemplo, del suicidio colectivo
respaldado por la ley), sino porque son tan diferentes a lo que estamos
acostumbrados… Un amigo mío siempre me dice que hay que dejar de pensar desde
la perspectiva de los humanos. Yo añado que hay que dejar de pensar desde
cualquier perspectiva cerrada, en general.
«No era el telegráfico contenido de lo que había dicho, sino cómo lo había dicho. Su voz era la de una niña humana, aunque más áspera y rugosa. Sin embargo, en el momento de citar a Polter, había sido la voz de este la que había salido de su boca; como en una grabación» (página 46).
6.
Conexión con la realidad
El tren no tiene ninguna conexión
con nuestra realidad salvo por la especie humana y los elementos heredados de
nuestra cultura, como el propio tren o los satélites de comunicación que se
nombran.
En ningún momento se menciona la Tierra ni el
año en el que estamos. No se menciona cómo han llegado a ese mundo. Solo saben
lo que deben hacer allí, cuál es su misión.
Sabemos que los humanos llevan tiempo en ese
planeta, suponemos que no están anclados a él, pero no sabemos nada más.
7.
Objetivo
Esta historia, esta novelette, cumple con su
propósito. Consigue maravillarnos,
conducirnos hasta unos razonamientos necesarios hoy en día mientras descubrimos
qué hay al final de los raíles. Todo esto que vengo relatándoos en el
comentario de hoy de la necesidad de plantearse cuestiones que nos parecen
extrañas, pero que no deberían serlo, es algo que consigue remover la autora en
nuestro interior.
También consigue conmovernos. Tiene una historia de amor que no nos empalaga, no nos
parece innecesaria. Eso es un logro, para mí, actualmente, en el mundo
literario. Y, además, es todo un relato de ciencia ficción con todas las de la
ley. Un ejemplo en contra de la diferenciación de géneros que, por suerte, hoy
en día no se lleva tan a rajatabla.
8.
Molonidad
¿El tren mola? Sí, mola. Pero, ¿por qué mola?
Mola porque hay un tren gigante recorriendo un
planeta inexplorado. Mola porque el tren está comandado por un tío raro e
imprevisible. Mola porque hay un bosque
de gusanos gigantes que comen mantarrayas voladoras. Mola porque la autora
consigue expresar el encuentro entre las dos especies de una forma para nada
antropomorfa. Y mola porque Teresa escribe muy bonito.
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Editorial Café con Leche |
Que, si todavía no te he convencido, aquí te
dejo el enlace a la versión en digital.
Recuerda: muy poco dinerito, solo 3,99: https://lektu.com/l/cafe-con-leche/el-tren/6073.
Y aquí otro a la versión física, en papel: http://www.editorialcafeconleche.com/producto/el-tren-edicion-fisica/
Espero que te guste esta idea de comentar series
literarias y demás obras que se acerquen a la temática del blog. Si se te
ocurre alguna otra que pueda enseñaros, no tienes más que decírmelo en los comentarios o enviándome un correo a través del buzón.
¡Nos leemos!
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